domingo, 8 de noviembre de 2015

Israel: La verdad sobre Israel que los medios esconden....Matthias Erlandsen




israelpalestina
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Frecuentemente vemos en las noticias de nuestros medios chilenos las atrocidades de las que es víctima el pueblo palestino. No hay semana en que no nos enteremos al detalle de la forma en que el ejército israelí intimida, amenaza, arrasa, barre, y destruye los derechos de los ciudadanos de Gaza y Cisjordania. A menudo somos testigos a la distancia del dolor que ese pueblo sufre, pero en ningún momento hemos visto la situación desde la óptica israelí. En ese sentido, los medios de comunicación chilenos faltan a la ética periodística una y otra vez, sistemáticamente dejándonos sin voz e ignorando parte importante de los hechos. El silencio del Consejo de Ética es cómplice.

Si un israelí agrede a un palestino, es terrorismo de Estado. Si un palestino agrede a un israelí, es legítima defensa. […] El rating y los índices de lectoría nos manejan. Y la ética parece ser lo último en que reparamos antes de enviar nuestras piezas a imprenta.
El código de ética periodística establece en su artículo primero que “el periodista se regirá por la veracidad como principio […] El ejercicio del periodismo no propicia ni da cabida a discriminaciones ideológicas, religiosas, de clase, raza […] o [que] atenten contra la veracidad de los acontecimientos”; en su artículo segundo, dice “el o la periodista difundirán sólo informaciones fundamentadas, sea por la correspondiente verificación de los hechos, en forma directa o a través de distintas fuentes, así como la confiabilidad de las mismas”; mientras que en su tercer artículo reza: “el o la periodista no manipulará, bajo ninguna circunstancia, ni será cómplice de modificar, alterar u omitir dolosamente la información”, ley deontológica que dista mucho de la realidad actual en los medios de comunicación asociados a dicho Consejo de Ética.Cuando estudié periodismo, mis maestros nos reforzaban constantemente sobre la importancia del pluralismo. Con frecuencia debatíamos la diferencia entre el periodismo y las relaciones públicas. Más de una vez vimos con claros ejemplos la responsabilidad social que los medios de comunicación tienen en sus manos y, con espanto ante la tremenda responsabilidad, entendimos que nuestro oficio no se remite a redactar en pirámide invertida, sino que contamos con herramientas suficientes para levantar temas en la agenda pública, generar debates, proponer soluciones y, en más de una ocasión, cambiar la historia.
¿Qué pensarían los medios al publicar aquel video que se tornó viral en el que actores chilenos critican desde la distancia el actuar israelí? Me imagino que ellos, antes de sumarse a la cruzada, visitaron la zona, conversaron con la población afectada, les preguntaron sus necesidades y se nutrieron de la realidad en que viven. También dudo sobre las razones de peso para no cubrir los más de 15.200 misiles que han caído en diferentes lugares de Israel -todos desde Gaza-, los más de 800 muertos que han dejado los ataques suicidas, o el 78% de las víctimas israelíes que según el Instituto Internacional de Contraterrorismo corresponden a civiles asesinados por bombas, tiroteos, lapidaciones, apuñalamientos o linchamientos. Llama la atención el silencio que hay en torno al 20% de la población israelí que es de origen árabe, que tienen igual derecho a voto y sus propios partidos políticos, los que sirven en el Parlamento, en el gabinete del Gobierno, en la Corte Suprema o que tienen puestos diplomáticos, aquellos que son artistas y deportistas, los que representan a Israel en su selección nacional, los que gozan de libertades civiles completas incluyendo libertad de credo, expresión y reunión, incluso con mayores grados que en otros países árabes de la región. No por nada Israel el único lugar en Medio Oriente donde homosexuales árabes pueden vivir sin miedo a ser perseguidos. Es extraño que nada se haya hablado del estudio de Harvard “Coexistence in Israel: A National Study”, que asegura que un 77% de los ciudadanos árabes de Israel preferirían vivir en ese país, más que en cualquier otro del mundo.
Importar un conflicto, del que los chilenos son totalmente ajenos, es una irresponsabilidad. Es lisa y llanamente facilitar el odio y ser cómplice de quienes buscan utilizar los medios de comunicación como un instrumento de relaciones públicas. Bajo la actual forma de comunicar, pareciera que una vida palestina es más valiosa que una israelí. Pareciera que los argumentos progresistas sólo son válidos cuando se trata de los palestinos, pero no cuando las víctimas son yamenís (más de 5 mil muertos en 2015), mexicanos (casi 4 mil), somalís, paquistanís y ucranianos (que suman más de 10 mil), o incluso mapuche, que ha cobrado varias decenas de miles en los 500 años de guerra que esa nación dice llevar. El doble estándar que se huele en las páginas de los diarios chilenos es apestoso.
Si un israelí agrede a un palestino, es terrorismo de Estado. Si un palestino agrede a un israelí, es legítima defensa. No entiendo la lógica. Dudo que exista una, en realidad. A veces (últimamente la mayoría del tiempo), me da vergüenza la calidad de profesionales que las escuelas de periodismo están graduando. El rating y los índices de lectoría nos manejan. Y la ética parece ser lo último en que reparamos antes de enviar nuestras piezas a imprenta.


vìa:
http://www.elquintopoder.cl/medios/la-verdad-sobre-israel-que-los-medios-esconden-2/

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Malas noticias en los periòdicos, asesinatos, enfermedad, pobreza, dolor, injusticias, discriminaciòn, guerras, lo grave es que nos parece normal.

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