viernes, 28 de julio de 2017

Venezuela: En defensa de Venezuela....Boaventura de Sousa Santos







Venezuela vive uno de los momentos más críticos de su historia. Acompaño crítica y solidariamente la revolución bolivariana desde el inicio. Las conquistas sociales de las últimas dos décadas son indiscutibles. Para comprobarlo basta consultar el informe de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) de 2016 sobre la evolución del índice de desarrollo humano (IDH). Dice este informe: “El índice de desarrollo humano de Venezuela en 2015 fue de 0.767 –lo que colocó al país en la categoría de alto desarrollo humano–, posicionándolo en el puesto 71 de entre 188 países y territorios. Tal clasificación es compartida con Turquía. De 1990 a 2015, el IDH de Venezuela aumentó de 0.634 a 0.767, un aumento de 20.9 por ciento. Entre 1990 y 2015, la esperanza de vida al nacer aumentó a 4.6 años, el periodo medio de escolaridad ascendió a 4.8 años y la escolaridad media general aumentó 3.8 años. El rendimiento nacional bruto (RNB) per cápita aumentó cerca de 5.4 por ciento entre 1990 y 2015”. Se hace notar que estos progresos fueron obtenidos en democracia, sólo momentáneamente interrumpida por la tentativa de golpe de Estado en 2002 protagonizada por la oposición con el apoyo activo de Estados Unidos.

La muerte prematura de Hugo Chávez en 2013 y la caída del precio del petróleo en 2014 causaron una conmoción profunda en los procesos de transformación social entonces en curso. El liderazgo carismático de Chávez no tenía sucesor, la victoria de Nicolás Maduro en las elecciones siguientes fue por escaso margen, el nuevo presidente no estaba preparado para tan complejas tareas de gobierno y la oposición (internamente muy dividida) sintió que su momento había llegado, en lo que fue, una vez más, apoyada por Estados Unidos, sobre todo cuando en 2015 y de nuevo en 2017 el presidente Barack Obama consideró a Venezuela una amenaza a la seguridad nacional de Estados Unidos, declaración que mucha gente consideró exagerada, si no ridícula, pero que, como explico más adelante, tenía toda lógica (desde el punto de vista de Estados Unidos, claro). La situación se fue deteriorando hasta que, en diciembre de 2015, la oposición conquistó la mayoría en la Asamblea Nacional. El Tribunal Supremo de Justicia suspendió a cuatro diputados por alegado fraude electoral, la Asamblea Nacional desobedeció, y a partir de ahí la confrontación institucional se agravó y fue progresivamente propagándose en las calles, alimentada también por la grave crisis económica y de abastecimiento que entre tanto explotó. Más de cien muertos, una situación caótica. Mientras, el presidente Maduro tomó la iniciativa de convocar a una Asamblea Constituyente a ser elegida el 30 de julio y Estados Unidos amenaza con más sanciones si las elecciones se producen. Es sabido que esta iniciativa busca superar la obstrucción de la Asamblea Nacional, dominada por la oposición.

El pasado 26 de mayo suscribí un manifiesto elaborado por intelectuales y políticos venezolanos de varias tendencias políticas, apelando a los partidos y grupos sociales en conflicto a parar la violencia en las calles e iniciar un debate que permitiese una salida no violenta, democrática y sin la injerencia de Estados Unidos. Decidí entonces no volver a pronunciarme sobre la crisis venezolana. ¿Por qué lo hago hoy? Porque estoy alarmado con la parcialidad de la comunicación social europea, incluyendo la portuguesa, sobre la crisis de Venezuela, una distorsión que recorre todos los medios para demonizar a un gobierno legítimamente electo, atizar el incendio social y político, y legitimar una intervención extranjera de consecuencias incalculables. La prensa española llega al punto de embarcarse en la posverdad, difundiendo noticias falsas sobre la posición del gobierno portugués. Me pronuncio animado por el buen sentido y equilibrio que el ministro de Asuntos Exteriores portugués, Augusto Santos Silva, ha mostrado sobre este tema. La historia reciente nos muestra que las sanciones económicas afectan más a ciudadanos inocentes que a los gobiernos. Basta recordar los más de 500 mil niños que, según el informe de Naciones Unidas de 1995, murieron en Irak como resultado de las sanciones impuestas después de la guerra del Golfo Pérsico. Recordemos también que en Venezuela viven medio millón de portugueses o lusodescendientes. La historia reciente también nos enseña que ninguna democracia sale fortalecida de una intervención extranjera.

Los desaciertos de un gobierno democrático se resuelven por vía democrática, la cual será tanto más consistente cuanto menor sea la interferencia externa. El gobierno de la revolución bolivariana es democráticamente legítimo. A lo largo de muchas elecciones, durante los últimos 20 años, nunca ha dado señales de no respetar los resultados. Ha perdido algunas elecciones y puede perder la próxima, y sólo sería criticable si no respetara los resultados. Pero no se puede negar que el presidente Maduro tiene legitimidad constitucional para convocar a la Asamblea Constituyente. Por supuesto que los venezolanos (incluyendo muchos chavistas críticos) pueden legítimamente cuestionar su oportunidad, sobre todo teniendo en cuenta que disponen de la Constitución de 1999, promovida por el presidente Chávez, y también de medios democráticos para manifestar ese cuestionamiento el próximo domingo. Pero nada de eso justifica el clima insurreccional que la oposición ha radicalizado en semanas recientes y cuyo objetivo no es corregir los errores de la revolución bolivariana, sino ponerle fin, e imponer las recetas neoliberales (como está sucediendo en Brasil y Argentina), con todo lo que eso significará para las mayorías pobres de Venezuela.

Lo que debe preocupar a los demócratas, aunque esto no preocupa a los medios globales que ya han tomado partido por la oposición, es la forma en que están siendo seleccionados los candidatos. Si, como se sospecha, los aparatos burocráticos del partido de gobierno han secuestrado el impulso participativo de las clases populares, el objetivo de la Asamblea Constituyente de ampliar democráticamente la fuerza política de la base social de apoyo a la revolución se habrá frustrado.

Para comprender por qué probablemente no habrá salida no violenta a la crisis de Venezuela, conviene saber lo que está en juego en el plano geoestratégico global. Lo que está en juego son las mayores reservas de petróleo del mundo existentes en Venezuela. Para el dominio global de Estados Unidos es crucial mantener el control de las reservas de petróleo del mundo. Cualquier país, por democrático que sea, que tenga este recurso estratégico y no lo haga accesible a las multinacionales petroleras, en su mayoría norteamericanas, se pone en el punto de mira de una intervención imperial. La amenaza a la seguridad nacional, de la que hablan los presidentes de Estados Unidos, no está solamente en el acceso al petróleo, sino sobre todo en el hecho de que el comercio mundial del petróleo se denomina en dólares estadunidenses, el verdadero núcleo del poder de Estados Unidos, ya que ningún otro país tiene el privilegio de imprimir los billetes que considere sin que esto afecte significativamente su valor monetario.

Por esta razón Irak fue invadido y Oriente Medio y Libia arrasados (en este último caso, con la complicidad activa de la Francia de Sarkozy). Por el mismo motivo, hubo injerencia, hoy documentada, en la crisis brasileña, pues la explotación de los yacimientos petrolíferos presal (que se hallan bajo un campo de sal) estaba en manos de los brasileños. Por la misma razón, Irán volvió a estar en peligro. De igual modo, la revolución bolivariana tiene que caer sin haber tenido la oportunidad de corregir democráticamente los graves errores que sus dirigentes cometieron en los últimos años.

Sin injerencia externa, estoy seguro de que Venezuela sabría encontrar una solución no violenta y democrática. Desgraciadamente, lo que está en curso es usar todos los medios disponibles para poner a los pobres en contra del chavismo, la base social de la revolución bolivariana y los que más se beneficiaron de ella. Y, en concomitancia, provocar una ruptura en las fuerzas armadas y un consecuente golpe militar que deponga a Maduro. La política exterior de Europa (si se puede hablar de tal) podría constituir una fuerza moderadora si, entre tanto, no hubiera perdido el alma.

Traducción de Antoni Aguiló y José Luis Exeni Rodríguez.

vía:
http://www.jornada.unam.mx/2017/07/28/opinion/004a1pol

México-La Dictadura-El Imperio: México y Venezuela... sumisión e injerencia...editorial La Jornada




En un comunicado conjunto, las secretarías de Hacienda y Crédito Público (SHCP) y de Relaciones Exteriores (SRE) informaron ayer, con respecto a las sanciones anunciadas por la administración de Donald Trump en contra de Venezuela, que el gobierno mexicano procederá en consecuencia, de conformidad con las leyes y convenios aplicables en la materia, y conminaron a Nicolás Maduro a restablecer plenamente el régimen democrático y el estado de derecho de manera pacífica. Por añadidura, las dependencias mexicanas dieron por buenas las acusaciones de Washington en contra de diversos funcionarios y ex funcionarios del gobierno de Venezuela en el sentido de que han menoscabado la democracia y los derechos humanos en dicho país y que han participado en actos de violencia, represión y corrupción.

Este nuevo posicionamiento oficial de las autoridades nacionales lleva demasiado lejos dos actitudes indeseables en el manejo de la política exterior: la sumisión al gobierno de Estados Unidos y la injerencia en los conflictos internos de Venezuela, cuya solución debe depender exclusivamente de los ciudadanos de ese país sudamericano.

En el primero de esos términos es lamentable, por donde se le mire, que el gobierno mexicano adopte como propias imputaciones estadunidenses en contra de funcionarios venezolanos que ni siquiera han sido probadas y que, como lo han señalado diversas voces nacionales e internacionales, se presentan en el contexto de una abierta campaña de desestabilización que apunta a derrocar al gobierno bolivariano. En el segundo, las instituciones nacionales carecen de facultades para emitir juicios sobre el desempeño de gobernantes y funcionarios de otros países y de actuar en consecuencia, así como para descalificar acciones institucionales de otras naciones, como lo es la convocatoria de Caracas a una Asamblea Constituyente.

Tales decisiones, en todo caso, no afectarán tanto a las autoridades venezolanas cuanto a la propia diplomacia mexicana, dos de cuyos principios fundamentales, el derecho a la Autodeterminación y la No Intervención, resultan gravemente socavados por tales extravíos. Por añadidura, esta alineación con los dictados de la Casa Blanca sobre Venezuela constituye un precedente que debilita la capacidad de México de invocar tales principios en su propia defensa.

De esta forma, el posicionamiento dado a conocer ayer por la SHCP y la SRE atenta, en primer lugar, en contra de la soberanía mexicana y, en segundo, desde luego, en contra de la venezolana.

Semejante demolición de la política exterior nacional, que se remonta cuando menos al sexenio de Vicente Fox, resulta particularmente peligrosa y nociva en una circunstancia en la que el país se enfrenta a una presidencia estadunidense racista, antimexicana, grosera e impredecible, ante la cual es más necesario que nunca retomar los lineamientos éticos, legales y diplomáticos que hicieron de México un referente mundial durante el siglo pasado.


vía:
http://www.jornada.unam.mx/2017/07/28/edito

viernes, 21 de julio de 2017

Linux: How To Install Fedora 26



In this video, I am going to show how To Install Fedora 26.
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Fedora (formerly Fedora Core) is a Linux distribution developed by the community-supported Fedora Project and owned by Red Hat. Fedora contains software distributed under a free and open-source license and aims to be on the leading edge of such technologies. Fedora has a reputation for focusing on innovation, integrating new technologies early on and working closely with upstream Linux communities. The default desktop in Fedora is the GNOME desktop environment and the default interface is the GNOME Shell. Other desktop environments, including KDE, Xfce, LXDE, MATE and Cinnamon, are available. Fedora Project also distributes custom variations of Fedora called Fedora spins. These are built with specific sets of software packages, offering alternative desktop environments or targeting specific interests such as gaming, security, design, scientific computing and robotics.

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Linux: Fedora 26 Workstation - See What's New



Fedora 26 Workstation - See What's New

Fedora 26 has been released and announced by Fedora Project, including for Workstation, Cloud and Server. Powered by Linux kernel 4.11, include DNF 2.5 as default package manager, GCC 7 as default compiler, systemd-coredump by default, SSSD fast cache for local users, pkgconf as default system pkg-config implementation, and 48bit VA on AArch64 (ARM64) architectures.

Fedora 26 Workstation is the latest version of Fedora's desktop-focused edition provides new tools and features for general users as well as developers. This release features the new GNOME 3.24 desktop environment, which includes a host of updated functionality including Night Light, an application that subtly changes screen color based on time of day to reduce effect on sleep patterns, The Weather information is now included in the notification area.

Default applications that includes in Fedora 26 Workstations we can mentions : Firefox 54, LibreOffice 5.3, Rhythmbox 3.4.1, Shotwell 0.26 and include most of GNOME Apps 3.24 like GNOME Files, GNOME weather, GNOME Maps, GNOME Contacts, GNOME Software, Gedit and more..

Fedora 26 release notes : https://docs.fedoraproject.org/en-US/...
Download Fedora 26 workstation : https://getfedora.org/workstation
GNOME 3.24 : https://youtu.be/_Z1PAXiyTB0

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México: Entrega de costas de Yucatán y Quintana Roo es un atentado... AMLO


Argentina: Objetivo CFK



C5N | M1 El debate político #ObjetivoCFK - Programa completo emitido el Miércoles 19 de Julio del 2017 - con Gustavo Sylvestre, acompañado por Alejandro Bercovich y Mariano Hámilton

- Invitados a mesa de debate - JOSÉ URTUBEY: VicePresidente UIA; GUILLERMO NIELSEN: Economista
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México: Justicia al mejor postor



Las mafias del narcotráfico tienen contaminado todo el sistema legal mexicano. En las cárceles de gran parte del país conviven criminales de alta peligrosidad con delincuentes de delitos menores. Para muestra un par de ejemplos:

1) Los reclusorios en la Ciudad de México tienen una capacidad instalada para atender 22.400 presos pero en ellas se encuentran recluidas 35.486 personas; tienen un sobre cupo del 63 % y los supuestos maleantes son en la gran mayoría pobres o francamente inocentes.

2) Juan José Esparragoza Monzón, hijo del “Azul”, quien fuera fundador del cártel de Sinaloa, se dedicaba a lavar dinero, por eso fue detenido el 19 de enero. Mes y medio después, “el Azul” junto con cuatro cómplices se fugó del penal de Culiacán. Todo gracias a la capacidad corruptora de las grandes sumas de dinero que maneja el narcotráfico.

Argentina: Reforma de Temer





C5N - El Destape: Ya no habrá nada por tapar - #ReformaDeTemer - Programa completo emitido el Miércoles 19 de Julio del 2017, conducido por Roberto Navarro, con la participación de Iván Schargrodsky, Darío Gannio y El Cadete (Pedro Rosemblat); la colaboración de Gabriela Pepe, Flor Alcaraz, Juan Amorín y Ezequiel Orlando.

Invitados:

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Chile en el “sueño americano” del Sur....Nuevos inmigrantes, viejos problemas....Horacio R. Brum



Como Uruguay hoy, Chile es receptor de cada vez mayores contingentes de inmigrantes provenientes de otros países latinoamericanos, como Perú, Colombia o Haití.


Me crucé con ellos en el aeropuerto de Concepción, 500 quilómetros al sur de Santiago, en una región donde el invierno llega con un tiempo endemoniado. En un rincón de la sala de espera, el grupo se veía como esos náufragos-emigrantes africanos que las marinas de Italia o España rescatan del Mediterráneo: todos hombres jóvenes, con vestimentas patéticamente inadecuadas para los fríos chilenos, muchos envueltos en unas mantas de avión que, como lo sabemos quienes solemos sufrir el viaje en la clase turística, sólo dan un abrigo simbólico. Eran inmigrantes haitianos, varados en Concepción desde la noche anterior, a la espera de que se levantara la niebla en Santiago y pudieran terminar el ya muy largo vuelo desde el país más pobre del continente.

Chile no es un destino de inmigración. En 1907, por ejemplo, cuando Buenos Aires y Montevideo ya tenían casi la mitad de sus habitantes nacidos en el exterior, a este lado de los Andes las estadísticas oficiales no registraban más que 134 mil extranjeros en todo el territorio (y apenas 13 mil italianos). Tampoco hubo aquí un proceso social de sustitución de las elites coloniales por los inmigrantes que hicieron fortuna; estos se asimilaron a ellas y aunque entre los grandes grupos económicos de la actualidad hay apellidos de origen croata (Luksic), árabe (Saieh, Yarur) o italiano (Angelini, Solari), los Larraín, Eyzaguirre y Echenique siguen tan vigentes en el dinero y la política como en los días de la Capitanía General de Chile. En los sectores más populares, el predominio de los apellidos de origen español indica lo reducido del aporte de otras nacionalidades.

Respecto de la diversidad racial, deja poco lugar a dudas la cándida respuesta de una alumna universitaria –católica de misa frecuente y cruz al cuello– a la pregunta hecha por quien esto escribe en una clase de periodismo internacional, sobre si existe el racismo entre los chilenos: “No hay racismo, porque no hay negros…”. Un mito bastante difundido dice que, aunque hubo esclavos negros durante la colonia, ellos terminaron desapareciendo porque no soportaban el frío. Los indígenas, principalmente de la etnia mapuche, sólo dejaron de ser invisibilizados cuando empezaron a militar activamente en defensa de sus derechos e identidad, a partir del quinto centenario. Sin embargo, en un estudio sobre la desigualdad publicado a mediados de junio por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (www.desiguales.org), hay otro dato significativo: en una estadística que relaciona 100 apellidos con las profesiones que gozan de mayor prestigio social y beneficio económico, los 50 que no figuran en ninguna de ellas son indígenas.

Primero fueron peruanos...

Durante la década de 1990 la inestabilidad económica de Perú obligó a muchos de sus ciudadanos a emigrar al vecino del sur, que proyectaba una imagen internacional de orden y prosperidad. Esos inmigrantes no solamente tuvieron que lidiar con el chovinismo originado en la Guerra del Pacífico de 1879, un conflicto que aún hoy se conmemora en Chile con paradas militares y se describe en las escuelas como una gran guerra patria; y al prejuicio usual de que los extranjeros vienen a quitarles el trabajo a los nacionales se agregó una visión racista resumida así por un comediante popular: “Los peruanos son negros, chicos y feos”. A pesar de todo, la comunidad peruana es en la actualidad la más importante en número (alrededor de 130 mil personas) y una de sus influencias más reconocidas por los nativos es la culinaria, que da variedad y calidad a la rústica y elemental cocina tradicional chilena. Algunos de los mejores restaurantes y chefs de Santiago son peruanos. El buen manejo del idioma español de estos inmigrantes es otro aspecto apreciado, en un país donde no es raro oír a empresarios prominentes o altos funcionarios comiéndose los plurales y diciendo “pa’” en vez de “para”. Por otra parte, en algunas escuelas del sistema público se está intentando bajar el tono nacionalista de los programas de historia, teniendo en cuenta las sensibilidades de los alumnos peruanos y bolivianos, estos últimos provenientes del otro país al cual Chile despojó de territorios en la Guerra del Pacífico.

La violencia en Colombia es el factor que ha provocado otra corriente migratoria en los últimos años, con el consiguiente despertar de prejuicios y manifestaciones xenofóbicas. Una gran parte de los colombianos, que con frecuencia llegan por la vía terrestre, se ha establecido en Antofagasta, la ciudad del norte que ofrece más oportunidades laborales, por ser el centro de la industria minera. No obstante, muchos deben vivir en los asentamientos suburbanos en condiciones precarias, porque sus sueldos no les alcanzan para pagar los alquileres exagerados de la zona céntrica. Según el Instituto Nacional de Estadística, el sueldo promedio de un inmigrante es de 600 dólares, lo mismo que puede costar alquilar un apartamento de uno o dos ambientes en las principales ciudades chilenas.

Además de soportar el estigma de traficantes de drogas difundido por el mundo, los colombianos se encuadran en lo que en Chile es una definición negativa: son “tropicales”, o sea, ruidosos, desordenados y exagerados. Las diferencias culturales y la carga de estereotipos han provocado más de un incidente en Antofagasta, cuya alcaldesa derechista se queja con frecuencia de la presencia de los extranjeros, y declaró en la prensa: “Hay una sensación de inseguridad al andar por la calle: se ve el microtráfico, un aumento de la prostitución y denuncias por ruidos molestos”. Con la alcaldesa Karen Rojo coincide el ex presidente y otra vez candidato de la derecha –con buenas posibilidades de triunfo– a ocupar el palacio de La Moneda, Sebastián Piñera, para quien la inmigración “termina importando males como la delincuencia, el narcotráfico, el crimen organizado”.

Los últimos de los últimos

Ricardo Lagos, que llegó a la presidencia en 2000 como el primer mandatario socialista después de Salvador Allende y terminó su mandato en 2006 alabado por los grandes empresarios con la frase “We love Lagos!”, hizo lo posible por posicionar a Chile en la región y el mundo como un país virtualmente desarrollado y de peso diplomático. En ese contexto, fue el primero en América Latina en aportar tropas para la “estabilización” de Haití en 2004, después del derrocamiento del presidente Jean-Bertrand Aristide en circunstancias donde se mezclaron las manos de Estados Unidos y Francia. Chile puso tropas en Haití a las 48 horas de la caída de Aristide, para actuar junto a las fuerzas francesas y estadounidenses. Ese contingente practicó otra veta de la diplomacia acuñada por Lagos, la de presentar a Chile como un país aportante de ayuda, que había superado la etapa de receptor de asistencia, y por implicación, ya estaba en el umbral del desarrollo. Así fue como los militares chilenos se destacaron más que sus colegas latinoamericanos por proyectar entre la población haitiana una imagen de su propio país como modelo de vida. Una imagen que, en las palabras de un sargento del Ejército entrevistado por el diario La Tercera con motivo de la retirada del contingente, que concluye este mes, “da un referente para ellos de la calidad o los estándares que puede tener otro país. Y más aún, cuando uno les comenta sus cosas, los insta a superarse, les dice que hay otros escenarios, entonces ellos se esperanzan con crecer”.

Esa esperanza está en la raíz de la emigración haitiana a Chile, que en los últimos dos años ha aumentado en forma exponencial y podría llegar en 2017 a un promedio anual de 45 mil personas. El problema es que los haitianos tienen varias características que los convierten en candidatos a sufrir la xenofobia y la discriminación más que otros inmigrantes: no hablan español, muchos tienen poca educación formal y… son negros. Según la opinión de una experta de la Clínica Jurídica de Migrantes y Refugiados, de la Universidad Diego Portales, la chilena es una sociedad en la cual “se considera inferior a una persona indígena o afrodescendiente, se la ve como un migrante económico que escapa. En cambio, al extranjero blanco se lo ve como el aventurero, y no se habla de migrante sino de extranjero”. Incluso quienes llegan con calificaciones universitarias no pueden obtener empleos de calidad, porque Chile no tiene convenios de reconocimiento de estudios con Haití.

El médico haitiano Emmanuel Mompoint tuvo suerte, porque pudo insertarse en el sistema de salud pública nacional, donde también las autoridades están haciendo esfuerzos por adaptar los servicios a esta nueva inmigración, con mediadores culturales y carteles bilingües en los consultorios. Recientemente Monpoint recibió la atención del periodismo por descubrir que entre sus compatriotas avecindados en Chile se está dando el síndrome de Ulises, un padecimiento de estrés similar al duelo, que afecta a quienes sufren el impacto de adaptarse a un país muy diferente del suyo y enfrentar un ambiente hostil. La imposibilidad de expresar sentimientos y reacciones en el idioma local, la ruptura de los lazos de solidaridad y el rechazo de la comunidad receptora son algunos de los factores que producen ese síndrome, cuyas manifestaciones pueden confundirse con distintas enfermedades. El doctor Mom-point trató a haitianos con dolores inexplicables, que no se curaban con medicamentos, hasta que uno de sus pacientes apuntó al centro del problema: “Mi dolor de cabeza es Chile. Me duele este país”.

http://brecha.com.uy/



vía:
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=229320&titular=chile-en-el-%93sue%F1o-americano%94-del-sur-

Venezuela: Las grandes multinacionales que guían la política de Trump alimentan la lucha para “el cambio de régimen” en Venezuela...Geraldina Colotti



Venezuela en el ojo del ciclón y no solamente por la llegada de la tormenta tropical Don. Luego de tres meses de protestas violentas que han provocado 100 muertos, las derechas han decidido estrechar el círculo, declarando que ha llegado “la hora cero”. Hoy será formalizado un gobierno paralelo, definido de “unidad nacional” (pero sin más de la mitad del país). Para mañana ha sido proclamada una huelga general. Luego de la consulta del domingo, definida “plebiscito” (una instancia que no existe en la Constitución Bolivariana), la oposición ha lanzado “un ultimatum” al Presidente Nicolás Maduro para hacerle renunciar al voto del 30 de julio sobre la Asamblea Nacional Constituyente.

FREDDY GUEVARA, coordinador de Voluntad Popular (VP, uno de los partidos que componen la alianza MUD), ha anunciado “un incremento de presiones” que culminará en la última semana de julio: los primeros pasos de “un plan más grande”que inicia con la designación de otros juicios del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ). Y que apuesta al golpe de estado. El TSJ es el árbritro de los 5 poderes existentes en la Constitución Bolivariana designado para su equilibrio. Un equilibrio que la MUD quiere subvertir a partir del Parlamento, en el que resulta mayoritaria desde las legislativas del 2015: para restablecer la “democracia” representativa, borrando aquella participativa puesta en campo por la constitución de 1999.

LAS DERECHAS tienen su entera “comunidad internacional”. Y sobretodo los Estados Unidos de Trump, que han amenazado: “Si el régimen de Maduro impone su Asamblea Constituyente el 30 de julio, los Estados Unidos adoptarán masivas y rápidas acciones económicas”: para llevar al país a “una plena y florecida democracia” (modelo Donald Trump). También Federica Mogherini, Alto representante de la Unión Europea para las Relaciones Exteriores se ha unido al coro de países neoliberales latinoamericanos para pedir la suspensión de la Asamblea Constituyente. “En Venezuela comandan los venezolanos y las venezolanas. Te has equivocado de país, Federica Mogherini: Venezuela no es una colonia Europea”, ha respondido Maduro dándole de la “insolente”.

La Unión Europea todavía no ha respondido a Trump, que ha pedido explícito apoyo para imponer nuevas sanciones a Caracas, como quisiera también la España, pero ha dejado la puerta abierta. De tono análogo la intervención del Ministro de Relaciones Exteriores Italiano, Alfano en la Cámara: ayuda a las empresas italianas en Venezuela con “un plan extraordinario de un millón de euros”, y apoyo a la línea de los obispos que relanzan la agenda de la MUD contra la Constituyente “comunista”. Alfano ha pedido “a la Rai y a los medios de información de dar la máxima atención a la crisis de Venezuela”.

UNA ATENCIÓN en único sentido, visto el total oscurecimiento de la simulación electoral desarrollada el domingo para el voto del 30. La gran participación chavista a las urnas ha sido registrada por el Consejo Nacional Electoral (CNE), por los periodistas independientes y por las redes sociales, pero nada ha sido filtrado en los media mainstream. El País, en cambio, ha atribuído la foto de una larga fila a las urnas para la Constituyente al “plebiscito” de la MUD. Luego se ha disculpado, dando la culpa a la agencia Efe.

A TIEMPO record, la MUD ha comunicado de haber recogido más de 7’200.000 votos: cuantos ha totalizado en las presidenciales del 2013 su candidato Henrique Capriles, que Maduro ha superado con 7’505.338 de preferencia. Luego las papeletas han sido incineradas por motivos de “privacy”. El fraude del voto ilegal ha resultado evidente por el cálculo entre el número de escaños, tiempos, y presunta cantidad de votantes, que habrían debido expresar las preferencias al ritmo de un rayo. Y que han repetido el voto muchas veces. Pero los medios internacionales, sinembargo, han dado por certero el resultado de la consulta, avalándolo como “referendum contra la dictadura”. Una singular dictadura: que ha consentido y tutelado el voto ilegal. Y que no ha echado fuera al grupo de expresidentes conservadores como el mexicano Fox y el colombiano Pastrana, desembarcados en el país a dar lecciones de “derechos humanos” no obstante los antecedentes represivos. El CNE difundirá en el día de hoy los resultados de la simulación legal.

Pero la MUD definitivamente ha saltado el abismo en favor de la nunca adormecida vena golpista. En juego hay intereses gigantescos, los recursos petroleros (y no solamente) de Venezuela. Desde hace meses, las grandes multinacionales que guían la política de Trump alimentan la lucha para “el cambio de régimen”. Dos de los políticos más beligerantes contra Maduro en el Senado de los Estados Unidos -Marco Rubio y Ed Royce – son financiados por la Exxon Mobil, cuyo actual Secretario de Estado Rex Tillerson ha sido director ejecutivo. Para financiar la violencia en Venezuela a través de un sinfín de ong’s, han sido asignados 5’500.000 dólares, más otros fondos adicionales.

Traduccion Gabriela Pereira

Texto publicado originalmente en Il Manifiesto. Lo reproducimos con autorización de la autora.


vía:https://desinformemonos.org/las-grandes-multinacionales-guian-la-politica-trump-alimentan-la-lucha-cambio-regimen-venezuela/

Brasil: La que se viene.. detalles y riesgos de la reforma laboral en Brasil....lavaca.org

La reforma laboral que impulsó el gobierno de Michel Temer destruye derechos laborales elementales: entre ellos, autoriza jornadas laborales de 12 horas y permite que las mujeres embarazadas realicen tareas insalubres. Cómo impacta la reforma en Argentina. La sustitución de producción, lo industrial, lo sojero y el rol de los sindicatos. Cómo parar la ola neoliberal, en el análisis de datos y voces de economistas.


El Senado de Brasil aprobó la ley que el Gobierno de Michel Temer impulsó para flexibilizar las leyes laborales. A pesar del rechazo del 60 al 80 por ciento de la población (según las encuestas), la Cámara alta sancionó por 50 votos a favor, 26 en contra y 1 abstención el texto que, entre otros puntos, autoriza jornadas laborales de 12 horas diarias y permite que las mujeres embarazados y en período de lactancia realicen trabajos insalubres. La sesión fue caótica: cinco senadoras encabezadas por Gleisi Hoffman y Fátima Bezerra (PT) intentaron la interrupción de la votación ocupando durante seis horas las sillas de la mesa principal, pero el presidente del Senado, Eunicio Olivera (Partido del Movimiento de la Democracia del Brasil), ordenó la suspensión y mandó a apagar las luces de la sala. Desconectaron los micrófonos, suspendieron la transmisión de la televisión y la radio legislativa empezó a pasar música. Tras un cuarto intermedio, continuaron la sesión.
La ley es una de las patas del paquete de medidas de ajuste impulsadas por la administración de Temer, junto al congelamiento del gasto público por veinte años y la reforma del régimen de jubilaciones, trabada en la Cámara de Diputados por la crisis política de Brasil: el procurador general Rodrigo Janot denunció a Temer luego de la delación del empresario Joesley Batista, que grabó al Presidente brasileño avalando el pago de sobornos. La aprobación de la reforma se dio en medio del debate en Diputados de su eventual suspensión para su investigación.
Mientras, las protestas en las calles de Brasil estaban orientadas a un único eje: los cambios que introduce la reforma no sólo modifican el esquema productivo brasileño sino que significa un retroceso en los derechos de trabajadoras y trabajadores y en el andamiaje legal promulgado por el presidente Getulio Vargas en 1943 con la Consolidación de las Leyes de Trabajo (CLT). La Universidad de Campinas (Unicamp) publicó un dossier en el que se explicitan los intereses: afirma que la Confederación Nacional de la Industria (CNI) y la Confederación Nacional de Agricultura (CNA) fueron los actores que redactaron el proyecto, presentado por el diputado Rogério Marinho, del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB). El profesor del Instituto de Economía de la Unicamp, José Dari Krein, sostuvo que los cambios en la legislación representan un “desmonte de los derechos históricamente adquiridos”.
Algunos de ellos
  • Las convenciones y acuerdos colectivos en las empresas prevalecen sobre las normativas legales en, por ejemplo, vacaciones y duración de las pausas.
  • Deja afuera de negociación colectiva el salario mínimo, el aguinaldo, la licencia por maternidad de 120 días, normas de seguridad y los aportes a un fondo de garantía que el trabajador recupera en caso de despido.
  • Dificulta el acceso a la Justicia del Trabajo.
  • Cancela la obligatoriedad de los aportes de los trabajadores a los sindicatos: pasaría a ser opcional.
“Tenemos 14 millones de desocupados y quieren precarizar las relaciones laborales para someter a los empleados, en particular a las mujeres, este proyecto obliga a que las embarazadas trabajen en lugar en insalubres, le quita los derechos conquistados por las empleadas domésticas en 2014”, denunció Hoffmann.

Socios y dependientes

“Brasil es el socio número uno de la Argentina”, dice Julio Gambina, economista y director del Instituto de Estudios y Formación de la CTA (IEF-CTA), que sintetiza la relación comercial construida entre ambos países durante la última década: las exportaciones argentinas a Brasil aumentaron de 4666 millones de dólares en 2003 a más de 17 mil millones en 2011. “Es el destino principal de la producción industrial argentina”, afirma Claudio Lozano, economista y coordinador del Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas (IPyPP). “Ese es el punto por el que afecta su cuadro recesivo: el capital brasileño es el que más ha ingresado durante el último tiempo en la economía argentina. Su grado de relevancia es importante”.
La dependencia también se calcula a través dela crisis. Desde que Brasil entró en recesión el volumen de comercio se contrajo un 41 por ciento entre 2011 y 2015, mientras que las ventas argentinas externas de manufacturas de origen industrial retrocedieron 21 por ciento en 2015: Brasil concentraba el 40 por ciento de estos productos. Si bien muchas empresas se fueron, 250 compañías brasileñas tienen sucursales argentinas. En noviembre, la agencia Télam publicó que unas 120 empresas llegaban al país en búsqueda de negocios luego de las desregulaciones propulsadas desde la llegada de Cambiemos a la presidencia.
¿Cómo impacta la reforma laboral en la economía argentina?
“La disminución del costo laboral en Brasil va a mejorar la competitividad de la producción brasilera en el mundo”, dice Gambina. “Mirado desde Argentina, hay que entender que Brasil y China son los dos principales socios comerciales: el país les vende y les compra mucho. Si Brasil mejora la competitividad quiere decir que mucha de la producción industrial brasileña, entre ellas los automotores, va a estar en mejores condiciones de ser colocados aquí. No es un dato menor: Argentina tiene déficit comercial con Brasil y, especialmente, déficit comercial automotriz. Esto quiere decir que son más los autos que se arman en Brasil y se venden en Argentina que los que se arman aquí y se venden allá. Eso va a generar una sustitución de producción: en vez de estimular el armado de automotores en Argentina, se va a priorizar la colocación de los productos brasileños en nuestro mercado. Eso puede disparar cesantías o despidos como los que se estuvieron produciendo en General Motors o Renault”.
Esa contracción se extiende a la industrial textil, del calzado y de la alimentación. También en el sector agroindustrial y la producción de soja. “Brasil tiene una fuerte penetración, tanto en Paraguay como en Argentina, en la zona de la triple frontera. También allí está la industria de la madera, del tabaco, la yerba mate y el té. Hay que pensar que el sector agrario y agrario industrial es el más competitivo del capitalismo argentino: Brasil puede generar condiciones para capitales externos. No sólo puede desplazar la producción local argentina en el mercado argentino sino generar condiciones para la inversión de capitales en nuestro territorio. Argentina puede seguir profundizando su déficit comercial, su estancamiento y su recesión, con un impacto social en el desempleo y en el deterioro de la capacidad de consumo, dependiente de los ingresos fijos. La reforma brasilera impulsa y empuja reformas similares en toda la región, por lo que es mirada muy de cerca: los grandes capitales internacionales están buscando oportunidades de inversión y presionan al Gobierno para que siga este camino”.

La falacia

Lozano subraya que la crisis en Brasil está lejos de resolverse y esa profundización lo debilita como mercado para las exportaciones argentinas. Un vector delicado es que esas exportaciones son las que tienen el mayor valor agregado industrial. “Eso tiene un impacto severo en el sector industrial que es el que más amenazado está en Argentina, no sólo por la situación de Brasil sino también por la situación concreta de presión del mercado interno, la apertura de importaciones y la suba de los precios de los alimentos y servicios”.
El economista subraya que lo está en curso en Brasil es “una estrategia de reforma neoliberal profunda”  que incluye la reforma laboral. “En tanto tiende a reducir costos laborales, en el marco de la globalización impacta en la Argentina poniendo el objetivo de reducción de costos aquí en una medida muchísimo mayor. Eso ya está en marcha. La propia experiencia de Macri tiene como norte principal rebajar los costos laborales: devaluación, paritarias con techo, revisar los convenios, modificar el sistema ART y el previsional. Toda su política económica desde que asumió tiene por objeto esa responsabilidad y es para ellos la causa central del problema inflacionario y la falta de competitividad en el país. Eso es una falacia”.
Lozano explica por qué:
  • “Tenemos 30 por ciento de pobres”.
  • “Ingresos promedios de 10 mil pesos, pero el 60 por ciento gana menos que eso”.
  • “La canasta familiar está en torno a los 25 mil pesos”.
  • “El 60 por ciento de los hogares no llega a fin de mes”.
Y agrega: “Caminan en dirección a un proceso flexibilizador extremo, ayudados por el hecho objetivo que casi el 40 por ciento de mano de obra argentina se encuentra en situación de no registro. Obviamente, lo ocurrido en Brasil profundiza aún más la presión sobre la situación salarial de la Argentina. Impacta de forma negativa en todo el cuadro industrial”.
Un ejemplo es el complejo automotriz: las mismas firmas operan tanto en Brasil como en Argentina. “Uno de los efectos de este proceso es que coloca a Brasil con un nivel de costo laboral menor y, por eso, hace más dura la estrategia de costos laborales en Argentina. Ese es el punto que hay que observar”. Lozano advierte que, en ese sentido, Brasil sufrió un desplazamiento en el sector industrial por China: “Brasil vivió un proceso de reprimarización en la búsqueda de competencia por vía de la reducción laboral que lo lleva a una carrera sin destino, porque China tiene mayor capacidad de tener mano de obra más barata. Es un camino complicado, pero aún más si Argentina pretende seguir el mismo rubro, como parte de la estrategia Macri, porque dejaría al país sin ninguna perspectiva industrial”.

Sindicatos no more

Para Gambina, el alto costo de la fuerza de trabajo también es la explicación oficial para argumentar el porqué de la ausencia de inversiones extranjeras. “Por eso, un fin estratégico es cambiar las convenciones colectivas de trabajo. Desde la Ley de Contrato de Trabajo en 1974 se desplegaron un conjunto de convenios que aún están vigentes. El diagnóstico del Gobierno es que esos convenios son antiguos, del siglo pasado, que la sociedad contemporánea cambió mucho y que el capitalismo del siglo XXI cambió tanto que requiere flexibilizarlos”.
Un buen ejemplo fueron los 600 despidos en Pepsico. “Despide a trabajadores que tienen 20 o 25 años de antigüedad laboral, de experiencia sindical, que han organizado reclamos históricos y, por lo tanto, genera un proceso de confrontación con la patronal. Pepsico dice que quiere abandonar sus inversiones en la radicación actual, radicarse en Mar del Plata y contratar nuevos trabajadores, de 20 años, sin experiencia ni tradición histórica de lucha”.
-El caso de Pepsico y de las decenas de empresas que cerraron y dejaron trabajadores en la calle (Atucha, Puma, Lanxess, Bangho, Atanor, por citar algunas) se conjuga con las intervenciones a sindicatos (Canillitas), el quite de personería gremial (Metrodelegados) y los dichos del Presidente Macri que llama “mafias” a la Justicia laboral.  ¿Puede decirse que el reordenamiento que establece la reforma se ve en discursos y en hechos aquí?

-Lo que está pasando en Brasil y, en lo subjetivo, desde el Gobierno de Macri está asociado a quitar derechos de trabajadores. Y eso supone una reorganización del movimiento sindical argentino. Por eso durante los últimos meses se han desarrollado episodios de intervenciones normalizadores que no ocurrían desde tiempos de la dictadura. No es pequeño el detalle de recuperar esa cuestión: en esta lógica de eliminar derechos junto a una nueva legislación previsional, se requiere un sindicalismo débil. Ni siquiera alcanza con uno negociador: el mejor sindicato es el que no existe. Aquí hay una intencionalidad de cambiar la legislación, de generar un clima ideológico y político contra las organizaciones sindicales. Esto tiene que ver, además, con que en los últimos años las patronales y los Estados nacionales están fogoneando en la OIT la eliminación del derecho a huelga. El planteo se argumenta en que en rigor, la OIT nunca legisló el derecho a huelga como derecho de los trabajadores. Que no existe. Está costando a nivel mundial, pero en el país que puedan lo van a hacer.


vía:
http://www.lavaca.org/notas/la-que-se-viene-detalles-y-riesgos-de-la-reforma-laboral-en-brasil-2/

Venezuela: La Damas de blanco de Tintori oscurecen la escena en Venezuela...Geraldina Colotti



Ayer, en Venezuela, la marcha de las mujeres han sido dos, y han puesto nuevamente el tema de la confrontación en acto entre dos modelos de país. Por una parte las derechas, y sectores ricos y parte de aquellos de clase media empobrecidos por los años de neoliberalismo salvaje, y que luego han regresado a vivir períodos de vacas gordas con la redistribución petrolera deseada por el chavismo (y el barril sobre los 100 dólares) y ahora de nuevo incómodas en período de “guerra económica”. Por otra parte las feministas de los sectores populares que apoyan al socialismo bolivariano: los colectivos -Ni una meno, Lgbti, Comités de abastecimiento y producción (Clap), medios alternativos, estudiantes, “clase media socialista”….-que hacen críticas, pero defienden las conquistas sociales.

Las Agencias de prensa – todas, rigurosamente todas- y los medios mainstream han anunciado entusiasmados solamente aquellas de las damas de blanco: que han desfilado vestidas de blanco, para evocar a las anticastristas de Miami. Indudablemente numerosas. Es así desde hace un mes. Ha sido así cada vez que “el insoportable ex-obrero del metro” ha logrado algún punto en la “diplomacia de paz”, apoyada por el Papa, por la UNASUR, y por un grupo de ex presidentes guiados por el español Zapatero. Imposible estar informados por más fuentes. A más de una decena de lanzamientos, en cambio, -sobre cuestiones dedicadas a una sola campana – para alabar enfáticamente “las agallas y el valor de las mujeres venezolanas”.

¿Cuáles? Aquellas capitaneadas por la mujer-Fake por excelencia, Lilian Tintori, rostro mediático del partido Voluntad Popular, cuyos líderes estaban en primera fila en la marcha de ayer. Un partido de extrema derecha, que considera a Trump “el verdadero defensor del pueblo venezolano”, de quien han tenido la luz verde para incendiar al país: en nombre de la “democracia”. Freddy Guevara y algunos alcaldes de extrema derecha han sido fotografiados mientras incitan a los encapuchados que no son de ninguna manera pacíficos. Pero de esto no se verá nada.

Aquella de Tintori ha sido definida “la marcha contra la represión”. En una confrontación de estas proporciones e implicaciones, no sirve santificar a los contendientes. Un gobierno legítimo tiene el derecho a frenar las violencias? Los paramilitares tienen licencia para asesinar? Los manifestantes tienen el “derecho” de incendiar el país? Los muertos ya son 35. Quien asesina en las plazas con las armas de fuego -verdaderas o artesanales- si la Guardia Nacional tiene solamente hidrantes y lacrimógenas? La cuenta va toda sobre “represión”. A rigor de lógica, pero, si un gobierno “dictatorial” tiene de su parte las Fuerzas Armadas, las milicias populares y un partido de más del 40% sin contar con los aliados (la extrema izquierda, la izquierda moderada y aquella reticular como Redes), ya se habría resuelto en un baño de sangre.

Somos el único periódico en haber contado que el líder de los estudiantes, asesinado por sicarios durante una asamblea pro Maduro, era chavista y no de oposición. Ahora hay también el resultado de las investigaciones balísticas sobre la muerte del jóven violinista asesinado por un proyectil durante las manifestaciones: se encontraba en la línea de fuego de quien estaba disparando a la Guardia Nacional. La muerte del jóven ha provocado la reacción del famoso director de Orquesta Gustavo Dudamel, atormentado en todas las lenguas porque era considerado cercano al chavismo y finalmente obligado a distanciarse “de la represión”…. Quien empuja al país hacia el caos? “Los manifestantes pacíficos no se tocan nisiquiera con el pétalo de una rosa”, ha dicho el Ministro de la Defensa Padrino López invitando a la oposición a “abandonar la violencia porque estamos a un paso de la guerra civil”.

Maduro ha lanzado la propuesta de una Asamblea constituyente, que ya se ha reunido con diversos sectores del país. Las derechas, que desde el 2013 empujan por una Asamblea constituyente, ahora la rechazan. Por qué? Porque en Washington se ha decidido diversamente. El jefe del Parlamento (de oposición), Julio borges, apenas ha llegado de la Casa Blanca. Con el apoyo del Secretario de la OEA, Luis Almagro (“un peligro para toda la América Latina”, lo ha definido Pepe Mujica) y de la Europa, se está ya construyendo un gobierno paralelo. Impuesto desde afuera.

Y ayer, el Papa Bergoglio ha enviado una carta muy significativa al belicoso episcopado venezolano, abiertamente aliado con la derecha. Los ha invitado a apoyar “soluciones negociadas” y a retomar el diálogo que las derechas y las jerarquías eclesiásticas rechazan. “Los grandes problemas de Venezuela -ha escrito – se pueden resolver sólo si hay la voluntad de construir puentes, de dialogar seriamente y de respetar los acuerdo realizados. Los invito a continuar a hacer todo lo necesario para que este difícil camino sea posible”. La violencia -ha añadido el Papa- “no nos ayuda a resolver los problemas, solamente provoca más sufrimiento y dolor”.

Traducido por Gabriela Pereira

Este articulo fue originalmente publicado en Il Manifesto. Lo reproducimos con autorización de la autora.

 vía:
https://desinformemonos.org/la-damas-blanco-tintori-oscurecen-la-escena-venezuela/

Venezuela: ¿Bonapartismo en Venezuela? Octavio Rodríguez Araujo

Octavio Rodríguez Araujo




La Constitución vigente de la República Bolivariana de Venezuela encierra, a mi juicio, algunas ambigüedades que están a debate en estos momentos (18 años después). Al margen de la invocación de Dios como protector de los poderes del pueblo de ese país, como se refiere en el preámbulo de dicho texto legal, el punto de partida es que el poder originario del pueblo está representado en la Asamblea Nacional Constituyente, la misma que lo aprobó y que ahora, por iniciativa de Nicolás Maduro, se quiere cambiar convocando a una nueva.

En la mencionada Constitución hay una ambivalencia, por decirlo con cautela, y que no fue considerada tal en el momento en que se redactó ya que la Asamblea Nacional (Congreso) estaba en manos del oficialismo afín a Hugo Chávez. A partir de diciembre de 2015 el Congreso pasó mayoritariamente a manos de la oposición de derecha encabezada por la Mesa de la Unidad democrática (MUD). Con este cambio en la correlación de fuerzas es claro que Maduro tiene problemas para gobernar sin contrapesos en momentos de una grave crisis en todos los órdenes de la vida social y política del país.

La fórmula que ha encontrado el jefe del Estado venezolano es, aunque no se diga con claridad, descalificar y de ser posible disolver la Asamblea Nacional sustituyéndola por una Constituyente que redacte una nueva Carta Magna que, de ser posible, contenga sus nueve puntos esbozados en mayo de este año.

Algunos de estos puntos son atendibles por varias razones, como por ejemplo el segundo referido a la pertinencia de instalar un nuevo sistema económico post petrolero que permita ampliar y diversificar la inversión y no continuar con la dependencia al petróleo (cuyos precios han bajado sustancialmente en los últimos años) que es, todavía hoy, la principal fuente de ingresos en ese país a costa de otros rubros fundamentales para atender las necesidades de la población.

Algunos observadores opinan, sobre este mismo punto, que el título IV del texto constitucional vigente ya contempla esa propuesta y que lo conducente es crear mecanismos para que se respete a cabalidad. La crítica a Maduro, en este rubro que alcanza también a los últimos años de Chávez, es que los gobernantes no previeron que la renta petrolera bajaría considerablemente y que no habría recursos para atender las necesidades incluso básicas de la población. No diversificaron la economía cuando Venezuela era un país rico en ingresos, no ampliaron la planta productiva en el agro ni en la industria, sino que más bien siguieron como en los buenos tiempos en un ambiente en el que ciertos sectores cercanos al gobierno optaron por enriquecerse con base en una gran corrupción.

El resultado de esa falta de previsión es una inflación de tres dígitos (que amenaza con ser de cuatro), desabasto de medicinas y alimentos, mercado negro de divisas y de comercio, salarios de hambre semejantes a los de Cuba (30 dólares mensuales sin las prestaciones que el Estado ofrece en la isla), etcétera. En pocas palabras, mayor pobreza, hambre y desesperanza, por lo que la oposición no es sólo de quienes se identifican con las derechas sino de quienes apoyaban a Maduro hace unos años. Caos económico que no sólo ha sido provocado por los empresarios derechistas y acaparadores sino también por la impericia del gobierno y su corrupción.

Esta dramática situación, apenas esbozada en estas líneas, no la quieren aceptar los panegiristas del inepto gobierno y siempre buscan, incluso más allá de la lógica y de las evidencias, a los culpables únicos entre la derecha y las fuerzas imperiales tradicionalmente desestabilizadoras y en nada respetuosas de la soberanía de las naciones. Que éstas existan no exculpa al gobierno y su falta absoluta de previsión. Tampoco se justifica que Maduro se ampare en un artículo constitucional (el 348) para sustituir al Congreso con una Constituyente a modo y a su conveniencia.

El 348, me permito recordarlo, dice que el Presidente de la nación (entre otras instancias del país) puede tomar la iniciativa de convocar a una Asamblea Constituyente, pero el 347 (¿Prior in tempore, potior in iure?) señala, cito: El pueblo de Venezuela es el depositario del poder constituyente originario. En ejercicio de dicho poder, puede convocar una Asamblea Nacional Constituyente con el objeto de transformar el Estado, crear un nuevo ordenamiento jurídico y redactar una nueva Constitución. Al margen de que el 347 sea anterior al 348, es claro que el segundo no se deriva directamente del primero salvo que se demuestre que el poder unipersonal de Maduro vale tanto como el del pueblo –no sólo depositario del poder constituyente originario sino titular de la soberanía. ¿Cómo se demostraría? Con un referendo, por ejemplo.

Mi lectura de este proceso, independientemente de que la derecha es la derecha y ha desestabilizado en principio y desde varios flancos a Venezuela, es que Maduro con su iniciativa lo único que quiere, en lugar de un diálogo verdadero y propositivo con la oposición, es sustituir a la Asamblea Nacional (que también tiene derecho de iniciativa para convocar a una Asamblea Constituyente) por otra nueva, en sus cálculos, afín a él y poder gobernar sin contrapesos. ¿Una especie de bonapartismo a estas alturas del siglo XXI? Y yo que pensaba que las izquierdas deben de ser más democráticas que las derechas.

rodriguezaraujo.unam.mx

vía:
http://www.jornada.unam.mx/2017/07/20/opinion/014a2pol

domingo, 16 de julio de 2017

España: Actes de commemoració del 19 de juliol a Barcelona...CNT

El 19 de juliol de 1936 es va produir un ACTES DE COMMEMORACIÓ DEL 19 DE JULIOL A BARCELONA esdeveniment de vital rellevància històrica a la ciutat de Barcelona. El poble, prèviament organitzat i preparat, es va enfrontar a les tropes franquistes i pràcticament sense ajuda i sense l’armament adequat les va derrotar, donant lloc a l’inici d’una de les revolucions de més trascendentals de la història del moviment obrer. La ciutat de Barcelona va passar a mans de les treballadores. Es van col·lectivitzar fàbriques i tallers, i indústries senceres van passar a gestionar-se per mitjà d’assemblees de treballadors. Es van crear milícies d’obrers que van anar a combatre a les tropes franquistes a nombrosos indrets del territori sublevat, alliberant pobles sencers que decidien convertir-se en col·lectivitats agràries. En alguns llocs es va abolir completament el govern, els diners i la propietat privada, proclamant-se el comunisme llibertari. I tot va començar en els nostres propis barris.
El paper de la CNT en aquest procés revolucionari va ser imprescindible. Per això no podem deixar de recordar-ho com un exemple de la capacitat d’una classe treballadora forta, unida i ferma en les seves conviccions.
Per tot això, des de la CNT de Barcelona hem organitzat un seguit d’actes en els quals, al mateix temps que recordem les gestes dels nostres avantpassats, exposarem la vigència dels plantejaments que les van inspirar. Aquests actes consistiran en el següents:
Dissabte 15 de juliol:
12: 00h Concentració per la llibertat dels anarcosindicalistes represaliats (Pl. Catalunya, davant d’El Corte Inglés).
13: 30h dinar popular
16: 30h xerrada sobre la Revolució al Kurdistán a càrrec d’Azadí, Plataforma en Solidaritat amb el Poble Kurd.
18: 00h espectacle de titelles a càrrec de la companyia “Títeres desde Abajo”.
19: 30h actuació del cor llibertari “CorCó d’ALPS”.
(Totes les activitats (excepte la concentració) de la tarda tindran lloc a l”Hort del Xino, C / Reina Amàlia 11, barri del Raval)
Dimecres 19 de juliol:
18: 00h ruta històrica per la Barcelona Revolucionària (parada de Metro Sant Antoni L2).
20: 00h Concert de Juan de Diego Trio, presentant un treball basat en el llibre “El Curt Estiu de la Anarquia” (Solar de “Salvem les Drassanes”, Pl. Blanquerna, Drassanes L3)
Us hi esperem! Visca la Barcelona Anarquista!

El 19 de Julio de 1936 se produjo un acontecimiento importantísimo en la ciudad de Barcelona. El pueblo, previamente organizado y preparado, se enfrentó a las tropas franquistas y prácticamente sin ayuda y sin armamento adecuado las derrotó, dando lugar al inicio de una de las revoluciones de mayor calado en la historia del movimiento obrero. La ciudad de Barcelona pasó a manos de las/os trabajadoras/es. Se colectivizaron fábricas y talleres. Industrias enteras pasaron a gestionarse por medio de asambleas de trabajadores. Se crearon milicias de obreros que partieron a combatir a las tropas franquistas en numerosos lugares del Estado, liberando pueblos enteros que decidían convertirse en colectividades agrarias. En algunos lugares se abolió completamente el gobierno, el dinero y la propiedad privada, proclamándose el comunismo libertario. Y todo empezó en nuestros propios barrios.
El papel de la CNT en este proceso revolucionario fue imprescindible. Por ello no podemos dejar de recordarlo como un ejemplo de la capacidad de una clase trabajadora fuerte, unida y firme en sus convicciones.
Por todo ello, desde la CNT de Barcelona hemos organizado una serie de actos en los que, al mismo tiempo que recordamos las gestas de nuestros antepasados, expondremos la vigencia de los planteamientos que las inspiraron. Dichos actos consistirán en lo siguiente:
Sábado 15 de julio:
12:00h Concentración por la libertad de los anarcosindicalistas represaliados (Pl. Catalunya, delante de El Corte Inglés).
14:00h dinar popular
16:30h charla sobre la Revolución de Rojava.
18:00h espectáculo de títeres a cargo de la compañía “Títeres desde Abajo”
19:30h actuación de coral de canciones revolucionarias
(Todas las actividades de la tarde tendrán lugar en l’L’Hort del Xino, C/ Reina Amalia 11, barri del Raval)
Miércoles 19 de julio:
18:00h ruta histórica por la Barcelona Revolucionaria (parada de Metro Sant Antoni L2).
20:00h Concierto de Juan de Diego Trio, presentando un trabajo basado en el libro “El Corto Verano de la Anarquia” (Solar de “Salvem les Drassanes”, Pl. Blanquerna, Drassanes L3)
CNT Barcelona

Indignado: El miedo a la libertad - Luigi Fabbri

La aberración de los que ven la salvación de la revolución en la dictadura, después de haber hecho durante una larga serie de años de la causa del socialismo también una causa de libertad, no es distinta de la aberración de aquellos revolucionarios que, al estallar la primera guerra mundial, vieron comprometidos de repente la libertad y el socialismo, no tanto por la guerra en sí, como por la amenaza de victoria de una de las partes beligerantes.

En realidad estos últimos estaban nuevamente ofuscados después de casi un siglo de experimentos, por la ilusión democrática, y confiaban de nuevo a la democracia burguesa una misión salvadora. Los partidarios de la dictadura proletaria caen en un error semejante, creyendo traer un remedio al sustituir la más o menos enmascarada dictadura burguesa por aquella de los representantes de los trabajadores. Y a nosotros, que afirmamos que se debe dejar que la revolución se desencadene con el máximo posible de libertad, dejando el camino abierto a todas las iniciativas populares, nos responden con una cantidad de objeciones, que pueden ser resumidas en un sentimiento único, que por lo demás no son capaces de confesar ni siquiera a sí mismos: el miedo a la libertad. Después de haber exaltado al proletariado ahora lo reputan en lo íntimo de su pensamiento incapaz de administrar por sí propio sus intereses y piensan en el nuevo freno que será necesario ponerle para guiarlo «por la fuerza» hacia la liberación.

Hacen como el enfermo que debía sufrir una operación y fue el más audaz, aun contra los médicos, en sostener que la operación se imponía, en desearla, en apresurar los preparativos con la esperanza de curar; y después, en el último momento, se niega y prefiere una inyección de morfina que calma por el momento el dolor, da la ilusión pasajera del mejoramiento, pero deja intacto el mal y el peligro de la muerte. Tiene una porción de escrúpulos, de temores y todas sus objeciones son dirigidas a retardar el momento del acto operatorio, que sería el acto de su verdadera curación. 

Pretextos intelectuales para la dictadura

Todas las objeciones que presentan los partidarios de la dictadura giran en torno a este principal argumento: de la incapacidad de la clase obrera para gobernarse por sí misma, para sustituir a la burguesía en la administración de la producción, para mantener el orden sin el gobierno; es decir, le reconocen sólo la capacidad de elegir representantes y gobernantes. Naturalmente, no declaran este concepto con nuestras mismas palabras; antes bien, lo enmascaran a sí mismos más celosamente que a los otros con razonamientos teóricos diversos. Pero su preocupación dominante es ésta: que la libertad es peligrosa, que la autoridad es necesaria para el pueblo, así como los ateos burgueses dicen que la religión es necesaria para no desviarse del buen camino.

Puede suceder, en efecto, que la autoridad se haga necesaria, pero no porque sea algo «natural» y porque no se pueda pasar sin ella, sino por el hecho de que el pueblo se ha habituado a considerarla indispensable; porque en lugar de enseñársele a obrar por sí y las formas cómo podría por su propia cuenta resolver las dificultades, se le mantiene sobre este punto en las tinieblas, más bien se le oculta la verdad, y para tenerlo más sometido se le muestra todo fácil; porque se le enseña desde ahora que, apenas sacudido el yugo actual, deberá crearse inmediatamente un nuevo gobierno que se ocupará de pensar cómo debe dirigir y atender todo más tarde.

Aquellos que hablan de la dictadura como de un mal necesario en el primer período de la revolución —en el cual, por lo contrario, sería necesario un máximo de libertad—, no advierten que ellos mismos contribuyen a hacerla necesaria con su propia propaganda. Muchas cosas se hacen inevitables a fuerza de creerlas y de quererlas como tales; en realidad, las creamos nosotros mismos. Así sucede con la dictadura, que los marxistas están preparando con su propaganda, en lugar de estudiar la posibilidad de evitar este mal, esta preventiva amputación de la revolución. Ellos no encaran por completo el problema, precisamente porque no tienen bastante fe en la libertad, porque, al contrario, apoyan toda su fe en la autoridad. Por consiguiente, no pueden resolver el problema. Lo resolvemos, sin embargo, nosotros, los anarquistas, que vemos en la libertad el mejor medio para la revolución: para hacerla, para vivirla y para continuarla.

El temor al desorden, al desencadenamiento de las pasiones, al florecimiento de los egoísmos, a los desahogos de la brutalidad, de la indisciplina y de la negligencia, etc., fue siempre el pretexto con que se ha justificado toda tiranía y combatido toda idea de revolución.

¡Es curioso que algunos socialistas encuentren justamente en este hecho una justificación de sus ideas dictatoriales! Se desarrolla en sustancia este concepto: que también la burguesía hizo su revolución imponiendo la dictadura, que en realidad vivimos bajo la dictadura burguesa, que la burguesía, para hacer la guerra, acentuó su centralización dictatorial, etc., y que por eso también el proletariado tiene derecho a hacer lo mismo. Que tenga derecho frente a la burguesía, es decir, que la burguesía sea la menos autorizada para escandalizarse ante la idea de una dictadura proletaria, puede ser un argumento justo; antes bien, agregaríamos nosotros, que la burguesía hace mal en alarmarse, aun desde su punto de vista, porque peor suerte le reservaría una revolución verdaderamente libre de toda traba gubernamental. Pero que el proletariado tenga interés en recurrir a la dictadura, esto es harina de otro costal.

El ejemplo de que haya servido a la burguesía no prueba nada; antes bien, prueba lo contrario. La revolución social no puede tener la misma orientación que la burguesía; y además, una cosa es revolución y otra la guerra. No todos los medios que son buenos para la guerra o para una revolución burguesa, son buenos para una revolución social. La centralización autoritaria de la dictadura es un medio totalmente perjudicial, en cuanto es el más adecuado para transformar una revolución social en revolución exclusivamente política —en especial al quitar al pueblo la iniciativa de la expropiación inmediata— vale decir preparar, desde el punto de vista proletario y humano, el mismo fracaso de las revoluciones precedentes.

Esas revoluciones, que sin embargo fueron hechas especialmente por el pueblo, el cual era también entonces impulsado por un deseo de liberación completa y de igualdad no solamente política, terminaron en el triunfo de una clase sobre otras, justamente porque la dictadura llamada revolucionaria preparó e hizo posible tal triunfo. Si la burguesía la empleó fue precisamente para sofocar la revolución, porque tenía interés en ello. El proletariado tiene, al contrario, un interés opuesto, es decir, que la revolución no sea sofocada, sino que realice su curso completo. La dictadura, por lo tanto, iría contra su interés.

Es verdad que una dictadura proletaria y revolucionaria podría también trastornar, arruinar y anular los privilegios actuales de la burguesía; pero ya que, debiendo ser limitada en sus componentes, sería siempre la dictadura de algunos partidos o de algunas clases, se vería inclinada no a destruir todo gobierno de partido y toda división de clases, sino a sustituir el gobierno actual por otro, el actual dominio de clase por otro de clase también. Y naturalmente, como la existencia de un gobierno implica la existencia de súbditos, la existencia de una clase dominante significa la existencia de otras clases dominadas y explotadas. Sería el mismo perro con diferente collar.
Chaleco de fuerza para la revolución
No somos profetas ni hijos de profetas y no podemos prever el modo como todo esto podrá acontecer. Pero reclamamos la atención de los lectores, y en especial de los socialistas, sobre este hecho: que el proletariado no es una clase única y homogénea, sino un conjunto de categorías diversas, de algunas especies de subclases, etc., en medio de la cual hay más o menos privilegiados, más o menos evolucionados y aun algunos que son, en cierto modo, parásitos de los otros. Hay en esa clase minorías y mayorías, divisiones de partido, de intereses, etc. Hoy todo esto se advierte menos, porque la dominación burguesa obliga un poco a todos a ser solidarios contra ella; pero el hecho es evidente para quien estudie de cerca el movimiento obrero y corporativo. Ahora bien, la dictadura proletaria, que seguramente iría a pasar a manos de las categorías obreras más desarrolladas, mejor organizadas y armadas, podría dar lugar a la constitución de la clase dominante futura, a la cual ya le agrada llamarse a sí misma élite obrera, para daño no solamente de la burguesía, simplemente destronada en las personas de sus miembros, sino también de las grandes masas menos favorecidas por la posición en que se encuentran en el momento de la revolución.

Se constituirá de seguro otra clase dominante —podría más bien llamarse una casta, muy semejante a la actual casta burocrática gubernamental, a la cual justamente sustituiría— integrada por todos los actuales funcionarios de los partidos, de las organizaciones, de los sindicatos, etc. Además, la dictadura tendría también, junto con el gobierno central, sus órganos, sus empleados, sus ejércitos, sus magistrados, y éstos, junto con los funcionarios actuales del proletariado, podrían precisamente constituir la máquina estatal para el dominio futuro, en nombre de una parte privilegiada del proletariado y aliada a ella. La cual, naturalmente, cesaría de ser, en los hechos, «proletariado» y se volvería más o menos (el nombre importa poco) lo que en realidad es hoy la burguesía. Las cosas podrían ocurrir diversamente en los detalles; podrían también tomar otra orientación, pero sería parecida a ésta y tendría los mismos inconvenientes. En líneas generales, el camino de la dictadura no puede conducir la revolución más que a una perspectiva de este género, es decir, a lo contrario de la finalidad principal del anarquismo, del socialismo y de la revolución social.

Tan erróneo es decir que se quiere la dictadura para la revolución como que se la desea para la guerra. Que se la quiera para la guerra que la burguesía y el Estado hacen con la piel de los proletarios, es natural. Se trata de hacer la guerra por la fuerza, de hacer combatir por la fuerza a la mayoría del pueblo contra sus propios intereses, contra sus ideas, contra su libertad, y es natural que para obligarlo se necesite un verdadero esfuerzo violento, una autoridad coercitiva, y que el gobierno se arme de todos los poderes en su contra.

Pero la revolución es otra cosa: es la lucha que el pueblo emprende por su voluntad (o cuya voluntad es determinada por los hechos) en el sentido de sus intereses, de sus ideas, de su libertad. Es preciso, por consiguiente, no refrenarlo, sino dejarlo libre en sus movimientos; desencadenar con entera libertad sus amores y sus odios, para que brote el máximo de energía necesaria para vencer la oposición violenta de los dominadores.

Todo poder limitador de su libertad, de su espíritu de iniciativa y de su violencia sería un obstáculo para el triunfo de la revolución; la cual no se pierde nunca porque se atreva demasiado, sino sólo cuando es tímida y se atreve muy poco. 

Los temidos «excesos revolucionarios»

El temor al desorden y a sus consecuencias es una superstición infantil, como el temor a caerse del niño que hace poco aprendió a caminar.
Ninguna revolución está exenta de desorden, por lo menos en sus comienzos. Aun en las revoluciones más suaves, más educadas y más burguesas no se pudo evitar; ni se lo evitará en una revolución social, que sacude completamente y desde su base a la sociedad. Pero ciertamente, para que la vida sea posible, es preciso que un orden se establezca cuanto antes. Pero el problema que se presenta no es el de un nuevo gobierno, sino el de saber qué es lo más apropiado para restablecer el orden, cómo se puede establecer un orden mejor: un gobierno más o menos dictatorial o bien la libre iniciativa popular.

Los marxistas optan por un gobierno revolucionario; nosotros, al contrario, creemos que el gobierno, peor aún si es dictatorial, será un elemento más de desorden, puesto que establecerá un orden artificial y nunca de acuerdo a las tendencias y a las necesidades de las masas. Estas por el contrario, a través de las propias instituciones libres podrán bastante mejor y más ordenadamente proceder por vía directa, desde ellas mismas, a organizarse en forma tal que quede asegurado el «orden» necesario, es decir, el orden libre y voluntario, no el artificial y oficial que los gobiernos mandan e imponen desde arriba.

Este orden en el desorden ha sido visto y admirado en casi todas las revoluciones y durante los períodos de conmociones populares. A menudo se notó, en tales períodos, una enorme disminución de los fenómenos de delincuencia común. Cuando desaparecen los esbirros y el gobierno es inexistente, se puede decir que el pueblo asume por sí mismo la responsabilidad del orden, no por delegación de terceros, sino directamente, en todo lugar, con los medios y personas de que localmente dispone. Algunas veces, sin embargo, va también más allá de los límites, como cuando, en 1848, fusilaba aun a cualquier mísero ladrón inconsciente detenido in fraganti.

Este espíritu de orden del pueblo ha sido advertido por todos los historiadores en los períodos inmediatamente sucesivos a las insurrecciones, cuando el viejo gobierno había sido derrumbado y reducido a la impotencia y el nuevo no había sido creado todavía o era aún demasiado débil. Esto se vio en los meses más desordenados, que los historiadores burgueses llaman de anarquía, de la revolución de 178993, tanto en la ciudad como en el campo; así también en las diversas revoluciones europeas de 1848 y después en la Comuna de 1871. El desorden vino más tarde, con el retorno de un gobierno regular, fuera éste el viejo o el nuevo. Aunque hayan ocurrido siempre inconvenientes, como es natural, jamás los hubo en los períodos «anárquicos» de tal magnitud como aquellos que se han debido deplorar luego con el retorno del «orden» impuesto por un gobierno cualquiera.

No hay, por otra parte, que bautizar como excesos revolucionarios, como desórdenes, ciertos actos de violencia contra la propiedad y las personas, que son verdaderos y propios episodios de la revolución, inseparables de ésta, por medio de los cuales y a través de los cuales toda revolución se realiza. La revolución del 89, por ejemplo, es inconcebible sin el ahorcamiento de los acaparadores y de los causantes del hambre del pueblo, sin el incendio de los castillos, sin las jornadas de Setiembre, sin los llamados excesos de Marat, de los hebertistas, etc. Esta especie de desorden es totalmente inevitable antes de alcanzar el orden nuevo que a nosotros nos importa; es preciso, por lo tanto, dejarle toda la libertad para manifestarse y para desarrollarse. Bastante más perjudicial sería querer detenerlo, como sería perjudicial oponer un dique a un torrente cuyas aguas, obstaculizadas en su curso natural se verterían en turbión para arruinar los campos vecinos; mientras que dejándolas proseguir libremente su curso llegarían antes a la llanura, donde proseguirían su camino hacia el mar, siempre con la más grande tranquilidad.

El pueblo ha mostrado esa misma capacidad de orden en todas las revoluciones, aun en un sentido positivo, es decir como espíritu de organización para la satisfacción de aquellas múltiples necesidades que aún en tiempos revolucionarios tienen su imprescindible imperativo categórico. «Es preciso no haber visto nunca en obra al pueblo laborioso; es preciso haber tenido toda la vida la nariz metida en los infolios y no conocer nada del pueblo para poder dudar de él; hablad al contrario, del espíritu de organización de ese gran desconocido que es el Pueblo a aquellos que lo vieron en París en los días de las barricadas o en Londres, durante la gran huelga de los docks de 1887, cuando debía sostener un millón de hambrientos, y os dirán cuán superior es a todos los burócratas de nuestras administraciones». 

Ni espontaneísmo ni uniformización

Sin embargo, no hay que caer en el optimismo excesivo de Kropotkin, que conduciría a dejarse arrastrar por la corriente, a no tener casi necesidad de pensar antes de obrar.

Es preciso plantear, primeramente los problemas de la acción y de la producción, preparando los ánimos, las voluntades, los instrumentos adecuados a la futura iniciativa popular, para que haya en todos los puntos del territorio en revolución los hombres, los grupos que la salven de ser presa de la imprevisión y de tener que abdicar en las manos de un poder central cualquiera. Es decir, se impone una preparación práctica, positiva más que negativa, de las minorías revolucionarias y libertarias, desde antes de la revolución, para que puedan obrar y responder a las necesidades que se presenten sin necesidad de confiarse a un gobierno.

Miguel Bakunin veía esta necesidad; es completamente justo su concepto de llegar a despertar la vida espontánea y todas las potencias locales sobre el mayor número posible de puntos por medio de minorías revolucionarias que, pilotos invisibles en medio de la tempestad popular, produjeran la anarquía y la guiaran, no por virtud de un poder ostensible, oficial, sino con el ejemplo de la propia actividad iniciadora. Pero para que esta fuerza pueda obrar «es necesario que ella exista (advierte Bakunin) porque no se concertará por sí sola».

Si en todo barrio, pueblo, campo, fábrica, si en todo centro, etc., existieran grupos resueltos que tomaran desde el primer momento, teniendo los medios y la preparación, la iniciativa revolucionaria, tanto para la destrucción del viejo régimen como para la continuación de la producción, todo pretexto de hacer surgir una autoridad gubernamental o dictatorial moriría en germen. La autoridad sería tan desmenuzada, tan pulverizada, que no existiría más como poder coercitivo; estando en cada uno y en todas partes, impediría cualquier tentativa de centralización. Preparar de este modo la posibilidad del desarrollo de las iniciativas locales, especiales, por lugares o por funciones, significará dar a la revolución el modo de caminar libremente sin los torniquetes deformadores y homicidas de la dictadura.

Se dice que es necesaria la dictadura para organizar la lucha contra las resistencias burguesas. ¿Por qué? La revolución puede ser considerada como dividida en dos grandes períodos: el que antecede al derrumbamiento del poder político de la burguesía y el período posterior. Mientras el poder gubernamental burgués no haya sido derribado, toda dictadura proletaria es imposible; existe solamente, todavía, la dictadura burguesa. Vencido el gobierno burgués, que constituye la resistencia armada de la clase capitalista, queda implícitamente desarmada y derrotada también ésta. Sus elementos pueden, aquí y allá, prolongar, por grupos, la resistencia; pero entonces se encuentran en una situación de absoluta inferioridad frente al proletariado, mucho más numeroso que ella y desde ese momento armado y tal vez mejor armado que ella. Para sofocar estas resistencias no sólo es inútil constituir un gobierno central, sino que éste serviría mucho más para aniquilar la libre acción insurreccional local, que en todo sitio procede a limpiar el terreno y a desembarazarse de los reaccionarios del propio lugar, salvo, se entiende, cuando es menester convenir con las otras localidades para correr en ayuda de aquellas donde los revolucionarios se encuentren necesitados.

Los distintos centros revolucionarios se federarán, estarán en contacto continuo para la recíproca ayuda, según un tipo de organización federalista completamente opuesta a la dictatorial. Esto evitará el grave inconveniente que se presentó durante la revolución francesa, y parece que también en Rusia, de que con las mejores intenciones del mundo el gobierno central dicte órdenes contrarias al espíritu dominante en ésta o en aquella región, en contraste con intereses colectivos legítimos de ciertas poblaciones lejanas o de categorías obreras menos favorecidas, etc., contribuyendo así a disminuir el fervor revolucionario y a favorecer los planes de los contrarrevolucionarios. Especialmente puede suceder esto cuando, para la labor de expropiación, se quisieran adoptar criterios únicos de forma y de procedimiento, que al contrario, debieran variar según las circunstancias y las tendencias de las masas, de localidad a localidad.

En todo caso, las dificultades que surjan después serán siempre mejor resueltas por los organismos obreros que por un gobierno central. A menos que se insista en el propósito, absolutamente antirrevolucionario y utópico, de contentarse con la conquista del poder y dejar la expropiación para más tarde, como obra oficial del Estado dictatorial socialista. ¡Pues eso sería el desastre para la revolución! 

 Abolición de todas las «élites»

Pero el miedo a la libertad, lo que es prácticamente igual, el culto a la autoridad, pone en labios de los partidarios de la «dictadura» argumentos que son ya una condena explícita de la dictadura misma. Ellos dicen frecuentemente. ¿Pero no hace lo mismo la burguesía? Se dice que la dictadura del proletariado sería la dictadura de una «élite»; pero la dictadura actual de la burguesía ¿no es también la dictadura de una «élite»? ¡justísimo! Pero la revolución no debe sustituir una élite por otra, sino abolirías todas. ¡Si, al contrario, su resultado no fuera más que el de sustituir una dictadura por otra tanto vale prever desde ya el fracaso de la revolución! Si tal es el fin que se proponen los partidarios de la dictadura proletaria, entonces se comprende también por qué asignan a la revolución, como función primordial, la de suprimir la libertad, es decir, una función opuesta a la que está en la naturaleza de toda revolución: la conquista de una libertad siempre mayor.

Esto explica también el lenguaje de los socialistas autoritarios y dictatoriales cuando acusan de demagogia democrática y pequeño-burguesa a la viva preocupación de los anarquistas por defender la libertad. Sin embargo, nosotros compartimos enteramente su hostilidad hacia la democracia burguesa y pequeñoburguesa; y así en nuestra aversión, nos mostramos más coherentes que esos socialistas no aceptando servirnos de las instituciones parlamentarias y administrativas burguesas para nuestra lucha revolucionaria. Pero mientras nuestra enemistad hacia la democracia y el liberalismo burgués mira al porvenir y es una superación de las mismas, el espíritu antidemocrático de los partidarios de la dictadura es un retorno al pasado. A los anarquistas no les basta la poca libertad concedida por los regímenes democráticos; en cambio los partidarios de la dictadura piensan quitarle al pueblo aún ese poco de libertad. Si, pues, las preocupaciones libertarias de los anarquistas pueden ser tachadas de «democráticas», nosotros podemos devolver la acusación diciendo que las aspiraciones dictatoriales de esos socialistas tienden a una vuelta al absolutismo, a la autocracia.

Naturalmente esos socialistas no se dan cuenta de estas peligrosas tendencias de sus sistema y dicen por eso que desean todo lo contrario de aquello que tales tendencias implican. Los hechos de Rusia podrían, tal vez, bien conocidos, instruirlos mucho al respecto.

En Rusia la revolución ha sido obra mucho más de la libre acción popular que del gobierno bolchevique. Las fuerzas obreras y campesinas, aprovechándose, especialmente durante el primer año, de la debilidad de los diversos gobiernos que se sucedieron en el poder, rompieron, pedazo a pedazo, el antiguo régimen, trastornando todos los valores sociales, iniciando en vasta escala la expropiación, echando las bases de las nuevas instituciones de producción y de organización, que después el gobierno bolchevique redujo bajo su férreo dominio militarista y dictatorial. Es la libertad, no la dictadura, la que libró a Rusia del zarismo y de todas las insidias de la burguesía liberal y de la socialdemocracia patriótica y guerrerista; es la libertad la que hizo y mantuvo la revolución. La dictadura ha recogido los frutos simplemente. Aún más: los ha dispersado y despilfarrado.

La revolución libertará de su estrecha cárcel al espíritu de libertad y una vez libre se convertirá en gigante, como el genio de la fábula que un incauto dejó escapar del vaso en que estaba encerrado por la magia. Volver a echarle mano, volver a empequeñecerlo, a encerrarlo y a encadenarlo será imposible, aun para esos mismos que contribuyeron a desencadenarlo. Especialmente en los países latinos, donde las tendencias anarquistas y rebeldes están tan desarrolladas, donde los anarquistas propiamente dichos tienen como fuerza pública social una influencia que la revolución de seguro aumentará enormemente, se necesitaría, para llegar a constituir un gobierno fuerte, una dictadura como la que figura en el programa bolchevique, o para intentarlo solamente, esfuerzos de tal magnitud que consumirían y agotarían las mejores energías socialistas y revolucionarias.

Sería una pérdida que no tendría compensación. Serían esfuerzos, sacrificios, tiempo y tal vez mucha sangre sustraídos al trabajo libre y tanto más vital de una verdadera reconstrucción de la sociedad humana.
La producción durante el proceso de cambio
Nosotros no negamos absolutamente la importancia del problema de la continuación e intensificación de la producción. Lo hemos dicho ya; y repetimos ahora que ello debiera ser resuelto cuidadosamente para tener una norma aproximada sobre lo que sea necesario realizar, para evitar ilusiones y sobre todo para que todos adquieran plena conciencia de las dificultades que una revolución encontrará. Posiblemente aquí también los anarquistas participan del equívoco general entre todos los socialistas de ver las cosas bajo un prisma demasiado rosado. El único, tal vez, que entre nosotros ha reaccionado contra ese optimismo ingenuo ha sido Malatesta, sosteniendo que la revolución se convertirá, apenas victoriosa, en un problema de producción; pues no es verdad lo que algunos creyeron durante un cierto tiempo, que bastaba derribar al gobierno y expulsar a los señores para que todo se acomodara por sí mismo, para que haya medios de alimentación para todos hasta tanto se pueda volver pacíficamente de nuevo a vivir una vida tranquila.
Luigi Fabbri
Tomado del libro Revolución No es Dictadura


vía:
Portal Libertario OACA
 

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